Hemos visto, finalmente, Quarentine (John Erick Dowdle, 2008), la versión hollywood de Rec (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), el fenómeno del terror español del año pasado, y nos hemos quedado boquiabiertos… pero no de asombro, sino cerca del bostezo.
Y es que Quarentine es una fotocopia tan fiel del original español que copia prácticamente todos sus defectos, empezando por haber elegido un edificio muy mal iluminado para escenificar su invasión de zombis epilépticos (en ambas películas se habla de una infección, pero, vamos, si te muerden y te conviertes en un babeante devorador de cerebros, eres un zombie en toda regla) y siguiendo con que, pese a la gran oferta des cámaras digitales de tan buen calidad, no entendemos este empecinamiento en usar en ambas películas una cámara que pierde el foco a cada instante.
Quarentine, desgraciadamente, no copia las virtudes de Rec: en concreto su delirante tramo final (con ese aterrador encuentro con “la niña de Portugal”, filmado con un pulso como nunca antes se atrevió el cine de terror a filmar). En Quarentine resulta confusa y anticlimática (amén de que “la niña de portugal” si que daba miedo).
La reversión de Rec carece de la pasión del original: ese deseo de hacer la película de terror definitiva a la cinema verité. Algo que Rec no logró, pero que era una ambición tan desmedida que debió haberles valido la nominación al Oscar a la película extranjera sólo por haberlo intentado.
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